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Crónica “El Drogas” en Almería

Hace algo más de tres años que Barricada nos dijo adiós tras más de 30 años de música y carretera, pero aunque la banda capitaneada por Enrique Villareal no volviera a subir a los escenarios, El Drogas sigue manteniendo intacta esa actitud y energía que siempre ha caracterizado a su banda. Y sigue igual, parece que no han pasado los años para el que es uno de los iconos del rock de nuestro país, porque su actitud combativa, sigue estando en sus canciones.

“Un día nada más” es el último trabajo con el que El Drogas se iba a presentar en Almería, un directo repleto de colaboraciones acompañado de los mejores músicos de nuestro territorio, y que ha sido el vivo reflejo de los 4 “epés” lanzados poro el músico, junto a los ya vividos trabajos de Barricada.

La mejor cara de la noche, la del público que abarrotó el teatro Cervantes, rozando el lleno, a la espera de vivir esos grandes momentos que sólo El Drogas sabe como hacer vivirlos. Y no es para menos, el ritmo envidiable que conserva en el cuerpo, junto a la ya curtida mente sobre el papel y escenario, lo único que hace es confirmar lo que ya se vivió en el directo, el gran momento musical que ha vivido y sigue viviendo actualmente, y que seguirá batallando por muchos años por el momento. La banda que le rodea, viejos conocidos del maestro, Flako Txarrena, Brigi Duque y Txus, son las bestias avasallantes que acompañan a Enrique sobre el escenario.

Media hora más tarde de la prevista, impaciencia implícita sobre la tarima del teatro, comenzaba a sonar Están para violarlas continuada de Barrio conflictivo y Sofokao para empezar a subir la temperatura ambiental del teatro. Con sólo tres temas, El Drogas ya había puesto a todos los asistentes a sus pies. Se mostró Enrique muy cercano con su público, el escenario lo permitía, bajo con acceso directo al entablado del público, lo que hizo que el artista bajara, se bañara en las masas que habían venido a verle actuar, incluso terminando muchas veces entre abrazos de sudor y calor del momento. El repertorio únicamente no iba a tratar sobre su único trabajo en solitario, si no que también sería un arduo y ansioso paseo por míticos temas de las bandas de Barricada o Txarrena.

Su estilo y movimiento continuaba sobre el escenario con su repertorio personal, El Charco, Cerocomasiete, como también uno de los temas que quizás sean de los que más escarban en el sentimiento de alguno, por todo lo que representa, en el que por desgracia tarde o temprano nos vemos todos reflejados en él, Cordones de mimbre. El rock siempre es partícipe de idas y venidas, y Frío también nos habla de ello, pero penas en el suelo, el grito en el cielo siempre ha sido una de las mejores formas de representar esa rabia contenido que tenemos por dentro, esa misma rabia que siempre ha sido la protagonista de Oveja negra.

El segundo acto nos traía algo distinto, en el que perderíamos la energía latente del movimiento de Enrique sobre el escenario, pero la “excusa” perfecta, era deleitarnos con su arte sobre la guitarra. Eléctrica y Docerola, daba igual la que se pusiera en sus manos, el coro estaba servido. Peineta y Mantillo, Empujo Pa’kí dejaban paso a uno de los grandes temas de Txarrena, Azulejo Frío, en el que para continuar el baile, y el frío, ardió la madera. Y su calor se despidió del teatro.

Pero los bises, las aclamadas voces, son las que siempre hacen falta en ese merecido descanso antes del último golpe de música, y de las legendarias canciones de BarricadaEl Sol no calienta por igual en todas las cabezas…. Al grito unísono de si no que pregunten al que está bajo nuestro pie… Victima iba a poner la mecha de las gargantas rotas, esas que ya no pueden alzar más la voz cuando es En blanco y negro el tema elegido para cerrar una noche de música inolvidable. Pero aún quedaba algo más, fuera de los micrófonos, del sonido de los monitores. Siempre la voz será nuestra aliada, y Otros tragos fue la encargada de salir fuera del escenario. Timbal sobre el hombro, y con su voz y baqueta como únicas armas, bajó entre el público, salió por la puerta del teatro, y se fue a compartir su música con quién allí estuviera presente.

Y es que la magia, a veces, no sólo está sobre el escenario.

 

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